domingo, 28 de abril de 2013

Más de seis millones de mentiras


Con el tiempo he aprendido que solamente importa aquello que, pasados los años, sigue sin dejarnos indiferentes: la muerte (cuando es otro el que se muere), una enfermedad, un problema económico grave, la ausencia de alguien en un momento difícil... A diario, me quedo de una pieza viendo cómo, para los políticos, esta enseñanza que a otros nos lleva toda una vida adquirir, es parte del mapa genético como un cromosoma más que se suma al paquete de herencias recibidas y al que podemos culpar de que todo les importe un bledo. Antes, todavía les preocupaba quedar bien dialécticamente, ahora ya ni eso porque poco pueden hacer a ese respecto, o a ningún otro, en honor a la verdad de tanta mentira.

Esta semana, he andado perdida mirando a las musarañas y mientras tanto la ola de escraches de los ciudadanos ha tocado a su fin para dejar paso a los escraches políticos y otras miserias. A dos días del esperado ajuste presupuestario, cayó como una bomba la "nueva" cifra de paro sobre nuestras conciencias y ningún cargo político de altura salió a dar explicación o consuelo a ese conjunto de desesperación que supera el número total de habitantes de algunos países, aunque la culpa de todo la tenga Rubalcaba. Aparecen dos días después para endosarnos un nuevo fardo de reformas entre las que no encontramos ninguna de las que nos gustaría encontrar. Sólo hay dos vías para mantenerse a flote: subir los impuestos o restringir el gasto. Cuando ni a éstos ni a los que llegar pudieran se les pasa por la testa dejar de subirse el sueldo o reducir los cargos públicos, se hace humo la ruta más corta. Y así vamos. Así continuamos. Por el buen camino según Rajoy solo.

El que hace un tercio de legislatura trataba de disimular el engaño, hoy ya no ese esfuerza ni ese poco. Arranca, tropieza, balbucea y concluye. "No voy a subir el IVA ni el IRPF, pero, emmmm, ummm, en fín", ya llegarán otros viernes de ayuno y abstinencia. "Éste Gobierno conseguirá que la cifra de paro baje", básicamente porque todo lo que sube baja, pero imposible que lo haga con las medidas adoptadas. Los ciudadanos lo tenemos claro y lo tenemos muy negro también. Ésta es la única paradoja cierta y casi la más lamentable. Ni saben cómo hacer, ni se acercan a saberlo ni saben ya cómo decirlo. Si la política no fuera lo que sea en lo que se ha convertido, saldría uno y diría claro que ésto no tiene solución, que no hay más vueltas que darle, ni de tuerca ni a la cabeza, y que se salve el que pueda como buenamente alcance. Pero, emmm, ummmm, en fín.

Como el perfecto decorado de fondo, regresa el invierno a cerrar el mes de abril, la desindexación, las redimensiones y otras sandeces que nos han podido hacer reír tanto como nos harán llorar. Qué divertido tiene que ser gobernar como lo hace esta gente. A otros, sin embargo, las vacaciones se nos terminan y por eso y porque hoy es domingo mañana será lunes camino de viernes sin remisión.

Nota de chiste para hacerse el harakiri: Se abre el telón y aparece Mariano Rajoy. Se cierra el telón, se cierra el teatro, se cierra el bar, se cierra la tienda, se cierra la calle...

domingo, 21 de abril de 2013

A un paso del abismo

Escribo sentada frente al Atlántico, sobre el último saliente de la península, con toda la perspectiva si me doy la vuelta. La noche empieza a enfriarse con un viento de levante que es más que atmosférico. Al lado de este silencio que he comprado para unos días, suena la voz de un reportero comunicando que aquí mismo, al sur a la izquierda, hay niños pasando hambre. Desde el mediodía de hoy hasta el mediodía de mañana en que, si sale bueno, volverán a ingerir la única comida con la que cuentan. La noticia y la respuesta que despierta dan lugar a un tipo de controversia que resulta ya demasiado habitual y más que demasiado vergonzoso.
 
La Junta de Andalucía prepara un decreto para que estos niños reciban, al menos, tres comidas al día, provocando más de una burla que me cuesta digerir. A dos minutos de jactarse de la labor que Cáritas desempeña todos los días, la derecha ataca, muerde, ironiza con el hecho de que en la oposición pueda nacer una iniciativa que no es de aplauso, porque la obligación no se aplaude, pero tampoco se ríe. Me repongo de la arcada que un debate como éste me provoca y sigo sin comprender si la reacción del PP nace de que sean otros los que estén haciendo su trabajo "robándoles" a sus pobres o de que la oposición sin oposición no tenga sentido y, en su empecinamiento por quitarse la razón, todo valga, hasta el ridículo más absoluto. La izquierda en Andalucía ha sido la única mitad que ha querido tomar cartas en los dos asuntos más hirientes de la actualidad: los desahucios y el hambre. La derecha pierde los papeles. Esta escisión bipartidista del país se está convirtiendo en una auténtica batalla desalmada e irracional que pone a los ciudadanos al frente de cada bando a tocar un tambor que nadie escucha.
 
Mientras la derecha y la izquierda se dan lo suyo, España sigue pasando estrecheces. Cerramos los ojos y tratamos de abstraernos porque, si no, moriríamos hoy mismo. La noche aquí, en el último rincón de Europa, es más oscura de lo que debería. De un negro que no es elegante, más bien tenebroso. El mar refleja este oscurantismo y rompe, con un rugido constante, el sigilo de este abismo. Sin embargo, ya no puedo distinguir la línea que separa el agua del aire, el norte del sur, la derecha de la izquierda. Sólo siento que es muy tarde, y que el océano no puede descansar. Tiende una manta de espuma blanca sobre la playa y continúa meciendo el corazón de este país. Como una madre. Una madre que no puede dormir si sus hijos no pueden comer.

jueves, 18 de abril de 2013

Un día en la derecha

He debido de ser votante del PP por encima de todas las cosas y durante toda mi vida sin enterarme hasta hoy, y porque me lo dice Cospedal, que si no yo a mi rollo de ponerlos a todos a caldo de asilo. Según la segunda del partido en el Gobierno, llámenla Lola, los que pagan sus deudas son los votantes del PP; el resto, una panda de nazis. Ergo, si A es igual a B (que se lo pregunten a Bárcenas), una servidora, signataria de derechas. Llevo unos veinticinco años, día arriba día abajo, desde la primera paga que recuerdo, apretándome el cinturón para llegar a todo. En los últimos meses, tanto he aguantado la respiración que había conseguido ahorrar unos euros y a continuación decidido, nótese bien, marcharme mañana de vacaciones. Pero he cometido el craso error de levantarme hoy.
 
Todos tenemos por costumbre, o al menos los previsores, los que votan al PP, la gente de bien, dar buena cuenta de todo lo que no hemos hecho antes y no podremos hacer después el día previo a emprender un viaje. Por eso este jueves se ha convertido para mí en una carrera de fondo, de fondo de inversión. Camino hacia alguna otra parte, he entrado en la óptica porque llevo los cristales de las gafas a rayas. Será por eso que ya los veo a todos con el pijama carcelario, o no, pero una consulta de psiquiatría, a priori, parecía un derroche. A posteriori,  reparo en el hecho de que debería haber pedido presupuesto antes de lanzarme a encargar unas lentes que quién iba a imaginar que, sin dibujo, cuestan lo que la Cospe no sabe porque no lleva gafas, pero sí la banda ancha de mi tarjeta que se ha vuelto estrecha al primer tijeretazo, el de las diez.
 
Bueno, me he dicho, que mañana te vas de vacaciones. Porque también es una costumbre muy nuestra, de los del PP, consolarnos con razonamientos completamente absurdos. Como mañana me voy de viaje y el coche hay que llevarlo bien (esto lo dice mi padre, no Maria Dolores), al mediodía y sin comer, por eso de pagar la hipoteca en lugar de, he llevado el coche al taller un rato. ¡Pero qué rato! No los he visto a todos, aunque no me ha hecho falta para convencerme de que los mecánicos llevan gafas con cristales orgánicos, graduados, progresivos, reducidos y antirreflejos en función del precio al que cobran el vistazo que me han dicho que le iban a echar al vehículo. Que sí, padre, que el coche hay que llevarlo bien, pero es que yo lo llevaba muy bien antes de pasar por el concesionario y ahora lo llevo fatal. Me aprieto un poco más el cinturón porque, con el recorte de las cuatro, se me caen los pantalones y me echo a la calle, a la de todos los que botamos igual.
 
Poco he avanzado cuando vuelvo a acordarme de las doctrinas de mi padre y de las chorradas de la Cospedal, que, salvadas las distancias, me salen igual de caras. Mi padre, que es un hombre sabio, también dice que el coche sin gasolina no anda y hoy, que es un día para la revelación, me he percatado de que tiene más razón que un santo y de que el combustible está por las nubes de tu pelo. María Dolores dice otras cosas que ni imaginar puedo. Me supera. Igual que el cálculo exacto del importe que, desde que cerré la puerta de casa a las seis y media de esta mañana, he pagado en concepto de impuestos. Y lo que está por llegar. Echando cuentas un poco por encima de cualquier previsión, hoy hubiera sido un gran día para perder la cartera. Por lo menos, el extravío está libre de tributos. Ahora, una cosa tengo clara: mañana me voy de vacaciones. Llámenme izquierdista. Aunque este mes tenga que empeñar el cinturón para pagar la hipoteca. Se acabaron las estrecheces.

miércoles, 17 de abril de 2013

Asuntos propios

La música, como los aromas, es capaz de introducirse en la caja de la memoria calando hasta los huesos de los recuerdos más desnutridos. Abraza lo que fue con la fuerza de lo que tenemos más cerca arrebatándole su lugar. La última cadencia de esta melodía me acerca la imagen de los tres niños que fuimos, sentados hoy a la sombra de treinta años. Y vuelvo a quererlos a los tres por jugar a vivir sólo en presente, aun sin conciencia de que la infancia no tiene futuro, por disfrutar de lo que estaban siendo y no volverían a ser, por no soñar con ser más que lo que son, hermanos de sus hermanos, hijos de sus padres. La música se deshace en el perfume de sus risas y la tarde con ella. Busco que sea la noche la que me dicte unas palabras con el mismo efecto de estas notas que suenan al ritmo de la memoria. Pero no llegarán.

Te casas en diez días y lo dejas todo atrás para rescatarlo quizá alguna noche como ésta en que se interpreten acordes de otros días. En un inevitable acceso de melancolía póstuma, nos pediste, a mí y a la noche, que escribiéramos unas líneas para cerrar la ceremonia. Rescatar todos esos instantes presos en el recuerdo que quisiera regalarte, es duro. Regalarte todos esos recuedos sin perder uno sólo me llevaría otros treinta y seis años. Sé que mis palabras tendrán unos minutos, no los fundamentales. Sé que es imposible encerrar una vida en una tarde, si la tuviera. Un acontecimiento tan importante para tantos detiene el tiempo un instante y me obliga a mirar atrás, sin que esa mirada pueda sintetizarse en un escrito o en el juego de lágrimas que no he podido evitar. Por lo que fue. Por lo que no fue. Es curioso cómo todo se resuelve en llanto, lo que tendría que hacernos reír y lo que no. Pero sé que es mejor llorarlo ahora, antes del rímel y del pánico escénico.

La musicalidad, el perfume de la nostalgia ha ocupado los más de los últimos días tratando de salvar lo mejor de lo que fuimos. Y, por fin, tendrás tus palabras, nuestras palabras, para sellar el término de una etapa, para inaugurar la nueva estación. Con la intención de dibujar una sonrisa de agua y sal en vuestros ojos, te devolveré, nos devolveré un trocito de esta partitura que sólo el corazón sabe interpretar. A sabiendas de que después seguirás siendo feliz. Porque la felicidad existe. La felicidad existe todos los días. Y el próximo día 27 también seremos felices. Muy felices.

martes, 16 de abril de 2013

24 minutos de gloria para Mariano

Llevo unos días descolgada del mundo y del portátil por llevaderos que ambos sean y por circunstancias que no vienen al caso. Abandoné el estado de las cosas tras el anuncio de una nueva batería de recortes para que, los que dificilmente llegan a final de la mitad del mes, ni lo empiecen. Esta mañana me he levantado, a duras penas, y, regresando a la actualidad del común de los más comunes, he pensado: seguro que Rajoy nos ha subido ya el IVA, el IRPF, el pan y la bilis. Pues, parece que ha intuído que no iba a estar para dar cuenta de sus pasos, que los deja para otro día y se me va de excursión al Vaticano. El papa Paco ha tenido el detalle de recibir a mi Mariano con los honores de ser el primer Presidente de Europa al que le ofrece audiencia. Quizá porque creía que tendría poco que auditar. Quizá porque tienen tanto en común...

Mariano Rajoy es el jefe del Gobierno de los pobres españoles. Francisco s/n es el jefe de la Iglesia de los pobres (españoles y extranjeros). El asunto de las miserias que dirigen a pachas por lo visto no dio para mucho y entretuvieron al reloj intercambiando prebendas. Mariano le llevó una camiseta de la selección, mucho más apañada que el hábito papal para esta ola de calor que nos ahoga y porque le ocupaba menos que los diez millones de personas que viven en España por debajo del umbral de la pobreza. Con lo bien que hubiera podido quedar: "Mira, Papa, lo que te traigo. Estoy dejando el país que ya quisieran en el Congo". Francisco regaló a nuestro Presidente una pluma del Museo Vaticano con la que rubricará divinamente nuestro nuevo sometimiento la próxima semana para continuar por el camino de la pobreza. Mi Mariano vuelve encantado de conocer a un Papa con el que se entiende a las mil maravillas sin saber más idioma que el propio. No se pronuncia, pero se le adivina la satisfacción entre la barba y el bigote. Francisco, por su parte, tuvo que quedar en la gloria al conocer al pobre Mariano, que, en la infinita generosidad que nace de un corazón indigente, comparte con la Iglesia lo poco que tenemos y no les escatima ni un euro de la asignación destinada al episcopado para culto y salarios, aunque aquí nos quedemos sin comer y, a Rouco, todo le parezca poco.

El encuentro duró veinticuatro minutos, ni uno más ni uno menos, que la fe no entiende de ciencias exactas ni redondeos. A Rajoy, lo acompañó un séquito de nueve personas en cuerpo y cuarenta y siete millones en el sentimiento, máxime viendo a doña Elvira de riguroso luto como el protocolo y las actuales circunstancias dictan. Dado que los españoles hemos dejado de creer en todo: en los políticos, en los banqueros, en la justicia, en la Corona, en los sindicatos, en la Constitución, en Europa, en el mundo y en el portátil; éste es el único viaje inexcusable para nuestro Gobierno por la falta que nos hace, junto con el advenimiento de los nuevos recortes, que Dios y el Papa Francisco nos amparen. Muy bien Mariano. Estás en todo, pero sobre todo, donde debes.

jueves, 11 de abril de 2013

Mariano, las tijeras.

Bruselas nos ha cogido manía. Ven las barbas de Mariano y nos quieren poner a todos a remojo. Y a mí, que día con otro me pueden más las tripas que las neuronas, me parece incluso lógico. Nos hacía falta un carpetazo en plena cara porque estábamos empezando a sonreír y no puede ser. El humor y el estado de bienestar español sólo se entienden a orillas del Manzanares. Más allá no se puede soportar que a Mariano se le llene la boca de lengua, los diputados peperianos patinen por los pasillos del Congreso sobre sus propias babas, que a los españoles nos corran lágrimas de salvación hasta los calcetines, o que la esperanza en la recuperación haga brotar lo verde en las aceras. El empalago rebosaba ya el vaso peninsular. Era absolutamente necesaria una llamada al orden y ya está aquí, ya llegó con el anuncio de nuevos recortes de pensiones, sueldos más bajos e impuestos más altos (para compensar). Mariano Rajoy dedica hoy la jornada a templar la gaita. Mañana será el día en que salga al ruedo televisivo con cara de autónomo y defienda el arte aprendido de no tomar decisiones.

Nuestro Presidente ha elevado a la condición de talento el oficio de estar por estar o faltar directamente. Sus funciones se reducen a recoger el testigo, a ocupar la silla tapizada con nuestra bandera, a decir sin esperar respuesta o a preguntarse a sí mismo si algo ha hecho mal para mejor no hacer nada. Fuera de aquí se lo toman como lo que es. En el mundo, en Europa y en España, hay quien nace para liderar y quien nace para ser el chico de los recados. Y se puede vivir igual de feliz e igual de bien pagado. Mariano viaja a Bruselas a veces y, mientras otros hablan y deciden por sí mismos y por todos sus compañeros, él se lima las uñas con la libreta y toma alguna anotación al vuelo sobre el papel de lija. Tras la primera intervención, se ocupa en limpiarse las gafas, se las pone al revés y ya no ve la diferencia entre gobernar y ser gobernado. Se entera de poco porque en el norte no han sido educados en la prístina lengua de Cervantes. Y hace lo que debe, dejar hacer. Si alguien ve culpas en su patriótica actitud, que las asuma. La responsabilidad de la nada es toda nuestra. Tanto adorábamos a Aznar que, cuando señaló a Mariano como candidato a la sucesión, nos quedamos todos mirando el dedo, hasta el propio José Mari.

Es posible que Mariano Rajoy sea un genio tan genial que su mayor daño sea el de los más grandes: ser un completo incomprendido y parecer un don nadie, un ente incorpóreo, un simple mandado, una sombra gris marengo de sí mismo o de otro cualquiera que pasaba por allí, una discreta ausencia para los que no entienden del funcionamiento del cerebro sobrehumano. Es posible que nadie sepa quién es en realidad, ni siquiera él mismo. El pobre Mariano se morirá un día sin el placer de haberse conocido. A mí, en ocasiones, me da una pena mora que no la puedo soportar. Por eso llega tan a tiempo este nuevo bofetón europeo. Para que no nos perdamos en la contemplación. 

miércoles, 10 de abril de 2013

Desahuciar a la Banca

Llevo un buen rato, dos o tres minutos, dándole vueltas a la noticia en busca del cartón. No me puedo creer que de esta jaula de grillos políticos que viven sin vivir en sí y mueren cuando la cosa se pone fea de cirujía, haya saltado una, consciente del mal que aqueja a tantos. Me estoy refiriendo ojiplática al proyecto de ley aprobado en Andalucía para la expropiación del uso de viviendas a los bancos en pro de la necesidad de alquilar ese millón de inmuebles destinados hoy a la cría y cultivo del ácaro común. La consejera de Vivienda y Fomento, Elena Cortés, ha caído en la cuenta de que tal vez se podría hacer algo con el hecho doblemente absurdo de que haya gente sin casas y casas sin gente. Cuando nace un genio, no se puede sino encender un mechero entre la multitud.

Yo no diría tanto como que esta decisión del sur a la izquierda tenga alguna posibilidad de llegar a buen término. Me tendría que haber dado un ataque de ingenuidad y, de momento, no he notado síntomas. Pero me parece que es la primera parada de este via crucis en que la medida propuesta no va a pasar a los anales como instrumento de tortura. Por supuesto, el Gobierno General va a tardar un pestañeo en recurrir esta ley descerebrada que se redacta a lápiz y al buen tuntún. Por mucho que, se mire desde donde se mire, sea una contradicción de todos los principios del que los tenga si queda alguno.

Llevamos (llevan) años adorando una Constitución que se considera el padre nuestro de este Estado (lacrimógeno) de Derecho,  y de la que yo me aventuraría a decir que no han leído ni las tapas. Valga como prueba que para una vez que pretendemos cumplir con ella, se ha de montar la de San Quintín. Al tiempo. Pero, dejando la Constitución de lado, que tiene que pesar un quintal, intentemos arrojar un poco de sentido común a la cuestión. El Gobierno, todos lo sabemos, casi hasta los que lo componen, ha permitido que los bancos actúen en un marco absolutamente ilegal, y no lo digo yo, que lo dice Bruselas, que de esto sabe un taco. Los ciudadanos se han visto de patitas en la calle por distintos grados de morosidad, incluidos impagos de comunidad e impuestos de bienes inmuebles. Ahora viene a resultar que son los propios bancos los que deben un pastizal entre una cosa y la otra, ¿y quién los va a desahuciar a pesar del notición y del día que ha salido? Pregunten al maestro armero que, en estas cuestiones irresolubles, ha resultado ser siempre un crack. Por eso, no cabe esperar que este anuncio de justicia se llegue a materializar más que en un par de silbidos del sereno y a seguir durmiendo.

La realidad al final es que el problema de los desahucios no se está abordando de ninguna manera. La calle llega al congreso con un millón y medio de firmas y no ha servido para nada, por desolador que resulte. Lo primero y principal es y seguirá siendo garantizar la estabilidad del sistema financiero. Cualquier medida que favorezca al ciudadano desfavorece a los bancos y, por lo mismo, nos han de tener a dieta de ajo y agua por mucho que llegue una y se lea la Constitución. Queda así resuelta de una vez la duda de, si en cuestión de derechos fundamentales, en este país manda la Banca, la Política o el Pueblo. Y hasta aquí puedo leer.

martes, 9 de abril de 2013

Escándalos, con leche y azúcar

La prensa y los contertulios en el café se han propuesto desatar 37 años de silencio a cuenta de los sacrificios que salpican el diario de un español cualquiera. El comportamiento ejemplar del marido de la Infanta destapó la caja de los truenos y, desde entonces, no hay semana en que no nos desayunemos con un nuevo tropiezo Real. Que resulta que hace una vida entera don Juan Carlos aprovechaba la agonía del dictador para vestirse de alcahueta al servicio de la Casa Blanca. Tal era por aquel entonces la facilidad de palabra del aspirante al trono que llegó a largar en estos encuentros el contenido de las conversaciones privadas que mantenía con otros dirigentes. Vaya trajecico le han confeccionado al Monarca. Anda, Alfredo, ponme otro café, que hoy no me despierto.

Los periódicos se han convertido en un vertedero de historias de la Historia que van cada vez más lejos en el tiempo y en su osadía. La Casa Real ya no conserva el equilibrio necesario para detener los golpes sin caer y encaja las bofetadas a ritmo de pasodoble. Don Juan Carlos empezó disculpándose en el primer acorde, cuando nos presentó al elefante botsuano. Después, se hizo un lío con las piernas y nos colaron a la princesa alemana con un aire reminiscente de ese pasado espía de su protector, la herencia millonaria fruto de una vida de austeridad borbónica, la imputación de la segunda niña de sus ojos presuntamente ciegos, la información, abortada por los últimos coletazos de la censura, del que pudo practicarse la futura reina en 2002. Y ahora el yerno, mangas verdes, que pide permiso para emigrar a Qatar y aceptar un empleo como ayudante del equipo de balonmano. Que, con ese curriculum, es para que le lluevan las ofertas. Si yo fuera sospechosa de la mitad de lo que se le imputa a este muchacho, me quedaba sin opciones y sin el empleo que tengo en España hoy, a Dios gracias y que dure, pero a él se lo rifan hasta en los lugares más insospechados. Lo que es medir dos metros para que lo vean a uno de lejos.

Don Mariano, que es justo lo que nos podía faltar, para no defraudar a la opinión que de él tenemos, tira de manual histórico y afirma que "la Monarquía cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad española", dejando de lado los últimos sondeos que vienen a apuntar exactamente lo contrario, pero que son lo de menos. Desde la frontera con Babia, creen que pueden ocultar sus vergüenzas con la promesa de una Ley de Transparencia, cuando el descrédito en las instituciones nace de las primeras sombras que se adivinan tras el cristal. Este ejercicio, de hacerse, proyectaría el mismo resultado que el que se obtiene al ampliar una fotografía. Cuanto más grande se vuelve, peor se ve. Cuanto más transparenten la imagen, más deslucida va a quedar. A estas alturas, juega a su favor que, gracias a las medidas adoptadas en sanidad y por no gastar en balde, los españoles vivimos curados de espanto. Yo ya no soy capaz de determinar si es más escandaloso lo que leo en el periódico del bar de Alfredo o que, se escriba lo que se escriba, es como si no pasara nada porque nada pasa. La inmoralidad se ha convertido en un plato más de nuestra dieta mediterránea. Nos tomamos el periódico como el café que nos pone Alfredo. Con la misma naturalidad y con el mismo entusiasmo.

- Hoy casi te pondría un carajillo, princesa.
- ¿Si lleva alcohol desgrava?
- Tampoco.
- Pues, anda, Alfredo, ponle un poco de alegría.

lunes, 8 de abril de 2013

No se van, los echan

La Historia se repite siempre, como la cebolla y los niños de tres años. La Historia puede hacer cualquier cosa menos sorprender. Y esto explica mejor que un libro que los jóvenes de hoy emigren al extranjero como hicieron sus abuelos, cambiando el baúl de la Piquer por la maleta de ruedas. Así contada, la historia de estos días no es sino una muestra más del arte de hablar según conviene. Porque lo mismo, lo mismo, no es ni parecido. Ésta no es, ya quisiéramos, una "emigración golondrina" con destino a las explotaciones agrícolas que procuraban un año de trabajo con billete de vuelta al nido. Ni es, como fue en los 60, un acuerdo entre países con contrato de trabajo proporcionando mano de obra sin cualificar para beneficio económico del país de origen. Esto es un exilio de las mentes pensantes mejor preparadas que hemos tenido y que, al paso que vamos, tendremos.

Dani se marcha a Suecia. Me lo cuenta hoy y no lo asimilo porque no lo quiero asimilar. Dice que seguramente ya no volverá, aunque de momento no entiende a los suecos, pero a los españoles los entiende menos. Yo sé que no es el único, lo cual no es un consuelo porque no soy tan tonta. Hay que verlos partir sin entenderlo y no hay más. Se marchan los hijos de los padres que un día regresaron y permanecen los hijos de sus madres que lo han provocado. Si pudiéramos vivir de impulsos, los exiliados no serían los que son.

Se marchan los cerebros y aquí se nos quedan las cabezas visibles que no rigen, las bocas sin voz que sólo comen, los estómagos desagradecidos que no sienten ni lo parecen. Lo mejor de cada casa a cuenta del erario público entonando la cantinela "vamos a salir de la crisis... al año que viene". Lo dicen quienes se están dando un banquetazo con nuestros impuestos mientras nosotros nos hartamos de indignación. Quienes viven mantenidos por quienes despedimos a los que nos importan. Quienes este año disfrutan del lujo que los que se lo pagamos no podemos ni imaginar. Quienes "al año que viene" tienen garantizada su pensión. El año que viene será tarde para los que se marchan éste y quizá también para los que nos quedamos a despedirlos. Y ¿vamos a seguir tragando con el reparto como queda? Cuando la cuenta sale bien, sale bien para los de arriba; cuando la cuenta sale mal, sale mal para los de abajo. Lo más que nos conceden es una emotiva despedida a pie de calle blandiendo pancartas de verdad. La única que nos queda.

Junto a todo lo demás, se pierde una generación, la generación en la que más y mejor hemos invertido. ¡Cuánto tendrá que agradecerle el mundo a este Gobiermo! Éstos que nos quedamos atrás no podemos sino acatar. Porque no hay futuro y el presente huele que apesta. Hay que dejarlos ir. Pero que no nos vean llorar. El último que cierre la puerta.

viernes, 5 de abril de 2013

Que son nuestros consentidos

Lo de Mariano Rajoy es mala suerte. Desde su último viaje a Berlín a principios del mes de febrero, en el que terminó acurrucado bajo el sobaco de la Merkel, no sabíamos dónde carallo se nos había metido. De pronto, decide volver a la tele y va a elegir el mismo día para su regreso que el juez Castro para imputar a la Infanta. Qué poca organización. Resultado: todos los ojos vueltos hacia la Monarquía y al pobre Mariano ni caso. A continuación, sin mediar veinticuatro horas, encuentran la fortuna de la "tita" Cervera en medio del Pacífico burlando al fisco y otro día que Mariano no tiene ni tres líneas en que leer su nombre. No me extrañaría que, a partir de ahora, no quiera convocar otra rueda de prensa ni en directo ni en diferido porque, aunque no quisiera rueda, esperaba prensa. Pero los medios, que van a su aire, andaban agolpándose a las puertas de Pedralbes y en las playas de las islas Cook, más concurridas que la página web de Hacienda en estas fechas. Esto es un sindiós.

Hay que reconocerles que nos entretienen mental y económicamente mientras esperamos, desde hace cinco años ya, a que llegue el año que viene, que, desde hace cinco años ya, será el año en que salgamos de la crisis. Parece ser que el año que viene tampoco será el 2014, con lo que continuaremos descolgando chorizos para ir pasando el rato. Sin final a la vista. Permitiéndolo todo. Que la marca España se haya convertido en un paraíso solar con un Gobierno que dirige un país como podría (y debería) dedicarse al teatro del absurdo, un cuadro de personajes que amasan sus fortunas bien lejos porque aquí no merece la pena tener un duro, lo saquen de donde lo saquen, una oferta de corruptos en lotes de tres por dos cada dos por tres, una Monarquía que se ha convertido en un completo desvarío de patinazos, safaris, manos largas, princesas falsas y extranjeras y paseos ejemplares de don Juan Carlos por la sanidad privada cada vez que se da un porrazo. Aunque hemos enviado al Presidente del Gobierno a donde se merece, a un faldón para las páginas pares, lo demás continúa manga por hombro. La presunta Infanta y el balonmangante, que deberían estar en mitad del Pacífico, estar, están pisoteándonos el suelo patrio. Las grandes fortunas del país, que deberían estar tributando en el país, nadan a mariposa en mitad del Pacífico. Su Majestad (el único español sorprendido por la imputación), que debería estar en Botsuana, anda farfullando por los rincones de Palacio. Los afectados por la hipoteca, que deberían estar en sus casas, en la de la vicepresidenta entrando en calor a gritos. Y así todo.
 
No hemos sabido ser lo que creemos merecer. No sabemos evolucionar como deberíamos. No sabemos proyectar una imagen seria porque no tenemos una imagen seria. No hemos sabido parar la caída. No sabemos decir "hasta aquí". Quizá porque nos hemos acostumbardo al sainete como género de vida y a que, en este país como en ninguno, la excepción confirme la regla. Todo es falso, salvo algunas cosas; la Justicia es igual para todos, con salvedades; Hacienda somos todos, salvo unos pocos y los nombres que aparecen en la lista de exclusiones en los tres casos son los mismos, salvo algunos.

jueves, 4 de abril de 2013

¡Qué imputada!

A la Monarquía se le acaba de ir por la trituradora el álbum familiar al completo. Recortar a Urdangarín de la foto y aparentar que nunca estuvo fue relativamente fácil con la inestimable ayuda de photoshop. Repasar una vida entera de instantáneas, desde más allá del blanco y negro hasta la irrupción del color del dinero en la familia, va a ser mucho. Yo creo que ése es el motivo de que a La Zarzuela se le hayan subido las cejas por encima del flequillo al conocer la decisión del juez Castro, según su portavoz, a través de los medios de comunicación, igual que todos. Aquél, que ya intuía el pasmo, declara que no le queda otra porque otra sería  "un cierre en falso en descrédito de la máxima de que la Justicia es igual para todos". En marzo del año pasado, el propio Castro no encontró motivos para la imputación, que se me antoja que guardaba el efecto para coronar el asunto, y don Juan Carlos se marchó de cacería a Botsuana desatando un escándalo del que todavía cojea. Este año no será necesario.
 
Un juez ha imputado a la Infanta Cristina sin reparar en las consecuencias institucionales de su decisión, dicen algunos. ¿Es que tenía que haberlo hecho? No nos hagan pestañear más de la cuenta. ¿No es más grave que la Casa Real, que había anunciado no pronunciarse sobre este tema, haya puesto hoy el grito en el cielo? ¿No es, por otra parte, tan indecoroso o más que esto que la Fiscalía Anticorrupción se haya erigido en el papel de abogado defensor de la Realeza recurriendo de manera insólita la citación como imputado de un ciudadano más? ¿Y que la Casa Real se haya agarrado a este recurso cerrando filas cuando le ha convenido? ¿O es que la Justicia es igual para todos... con salvedades? ¿O que la Justicia es igual para todos sólo en la segunda quincena del mes? E, independientemente de la moralidad o amoralidad de toda  esta cuestión, ¿no se ha procurado la Institución esas consecuencias irreparables por sí misma? Demasiados años ha vivido parapetada tras un muro de silencio que nos ha costado una pasta. ¿Dónde está la ejemplaridad que se les supone? Es inadmisible que hoy sí sea un día para salir de La Zarzuela cuando, hasta esta mañana, Su Majestad se había pasado todo un reguero de escándalos por el mismo sitio por el que se pasó a Corinna, por La Angorrilla.
 
En cualquier caso, mucho me temo que el asunto de la imputación de la Infanta, que lo es por ser hija de su padre y a eso no se puede renunciar, haya sido más una respuesta por presiones que un cumplimiento del deber judicial. La única forma de contentar. Una vía de escape y salvamento. Una evasión del linchamiento popular. Una cobertura de expediente. Una cortina de humo que volará sin más y ojalá me equivoque. Si esto es Justicia, otros la querrían igualita. La Justicia deja de serlo cuando no actúa en tiempo y forma, cuando no es sino el ejercicio del derecho a defenderse de unos pocos por encima del que tenemos todos los demás a que no nos salga un sarpullido por indignación o de tanto como nos rascan. No podemos creer en nada. Nunca podremos dejar de sospechar. No habrá paz para los buenos. Desde el momento en que no queda institución en España que no haya sido tocada por la varita de la corrupción y nos han obligado a convivir con esta injusticia tan larga y tendidamente.

martes, 2 de abril de 2013

La herencia del Rey

Hablando de escraches. Me revienta esa gente que sale de su casa en vacaciones y se mete en la tuya a arruinarte las propias y a endosarte sus consumos sin que, para más recochineo, haya sido previamente convidada. Y a mí, que ya he llegado a una cumbre en mi vida para no dejarme nada dentro porque si lo hago me sube la temperatura y no se me ha quedado el cuerpo para otro capítulo de fiebres, me hace poco duelo la bicicleta. Aunque nos cueste un cisma familiar. Eso ya lo arreglaremos luego. Si siguiendo el ejemplo de deshumanización de la banca, hasta Ana Botella puede echar a la gente de sus domicilios para hacer negocio, no voy a poder echar yo a los gorrones de la mía antes de que me arruinen el mío. El que quiera vacaciones, que se las pague, que está la hostelería muy malita. Queda dicho.

Sin embargo, yo tengo previsto para mi próximo período vacacional meterme con lo puesto en casa de los Reyes, que, como ésa la pagamos entre todos, más lo que nos quitan, más lo que no tributan, considero que me corresponden unos días en La Zarzuela, a cuerpo de reina. Le debía de parecer pecata minuta a la prensa la que nos ha caído con Urdangarín, o tal vez que nos está cayendo a cámara lenta, que aprovecha el vigésimo aniversario de la muerte del padre del Rey para fotografíar la cuenta heredada en Suiza, con las connotaciones que una de éstas trae. Y, lo más divertido es que la publican en primicia, como si se acabasen de enterar, cuando de esto hace veinte años. Pero, claro, quién se atrevía a decir hace veinte años nada de nada ni bueno ni malo. Ahora sí. Ahora que este país se ha convertido en la casa de Tócame Roque las narices, vamos a airear los trapos que tenemos las fronteras de par en par y las espaldas para seguir cargando. Personalmente, que el Rey herede me parece bien. Que el pastón estuviera o estuviese, esté o continúe estando en Suiza me parece, si acaso, poco estético y nada más. Pero que se haya pasado, como se intuye, el impuesto de sucesiones por los reales pantalones me resulta, don Juan Carlos, digámoslo así, poco ejemplar. Que en lugar de Su Majestad, salga su ministro de Economía, que en cuestión de números como viene acreditando está un poco verde, a explicar sin aclarar nada que, en todo caso y sin ser asunto nuestro, estas cuestiones habrían prescrito me parte la caja (la torácica o la de ahorros).

Tendremos que entender además que, si según la Constitución, esa antigüedad lujosa que adorna nuestros días desde la nunca suficientemente agradecida Transición, el Rey es intocable salvo cuando tropieza literalmente; puede merendarse a dos carrillos el impuesto de sucesiones, el código civil, el código penal y el de las buenas maneras tantas tardes como el hambre apriete. Van siendo ya unos cuantos los asuntos "privados" que escarchan la Corona y que no nos atañen aunque se nos metan en casa de refilón, como los mogrollos en vacaciones. Y, antes de que se me encienda el pelo, ahí lo dejo. Pero no me despido sin decir que ya me gustaría verlos heredando el empantullo que entre todos nos están dejando como legado. Que a este paso imparable vamos a tener que tragarnos también que el pobre Iñaki hiciera lo que hizo porque de todos es sabido y aceptado que los niños hacen lo que ven en casa.

lunes, 1 de abril de 2013

Lo que el escrache esconde

Yo no soy muy partidaria de meterme en casa de nadie porque no me gusta molestar. Afortunadamente hoy en día hay infinidad de maneras de ponerse en contacto indirecto con los demás sin necesidad de invadir su intimidad. Pero también entiendo que la desesperación de las personas llega a ciertos extremos cuando no obtiene respuesta. Que, aunque sólo sea por buena vecindad, si después de mucho llamar, escribir y enviar mensajes, no hay réplica, la misma preocupación obliga a personarse en el domicilio particular por si ha pasado algo, que todos sabemos que hay muertes súbitas. Y, también hay que comprender, que la ansiedad producto de tal tesitura nos lleve a decir cosas que no sentimos y a que la situación se nos vaya un poco de las manos con caceroladas y otros instintos de liberación. Cuando la inquietud mueve a muchos, el ruido va en consonancia. Tanto que hace días que sólo se habla de los escraches. Entre el alboroto, la definición del vocablo, los orígenes, el por qué y el por qué no, vamos perdiendo de vista lo que de verdad importa.
 
Esto es algo así como cuando ingresaron al marido de mi amiga Puri y nadie daba con ella porque, aún a sabiendas de que la cosa estaba de ingreso, la incauta se fue de compras, no fuera a ser aquélla la última ocasión. Cuando volvió y nos encontró a todos en la puerta de su casa enrojecidos de impotencia, sólo fue capaz de decir que no había para tanto. Con el jaleo, nadie mencionó las compras. Si os cuento además que, posteriormente, y como consecuencia de las citadas compras a deshora y con mal tiempo, le sobrevino un catarro que, según ella misma, se iba a quitar de encima con un par de "antisísmicos", veréis cómo el acercamiento de su persona a la de mi Mariano al confesar que no le iba a temblar la mano, viene además reforzado por tratamientos médicos similares.
 
Hace dos meses, porque la ocasión lo requería, el PP prometió una auditoría externa de la cuentas del partido y la publicación de las declaraciones de la renta de los miembros de la cúpula en un ejercicio de transparencia que no entiendo por qué hay quien dice que no se ha cumplido cuando, efectivamente, o se han vuelto completamente transparentes o nadie sabe dónde están. Pasado el mal trago, les viene de fábula que los ejércitos de Ada Colau hayan tomado los portales de sus concejales para enterrar el asunto. Mientras la gente era deshauciada de sus casas, de sus cuentas de ahorro y de sus vidas de bienestar, el Gobierno estaba de compras en Suiza, pero para qué seguir hablando de los gastos del partido con la que se ha liado en la calle. El PP y la Puri saben, porque la experiencia es un grado en la escala de la felicidad, que lo que se puede solucionar con dinero o escurriendo el bulto no es un problema. El Gobierno, la Puri y los chinos viven pensando que, si un problema tiene solución, para qué preocuparse y, si no tiene solución, para qué preocuparse. Después de pasar tres días en la cama empujada a continuar por la fuerza del Ibuprofeno, sé que es posible vivir exclusivamente para respirar, como el Gobierno, la Puri y mi vecino de arriba. La actitud es aprender a disfrutar de la nada, convertirla en un oficio, olvidarse de los molinos gigantes y ser feliz. Porque no hay para tanto.

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