miércoles, 29 de enero de 2014

De vez en cuando

De vez en cuando, amanece a oscuras en una ciudad extraña a la que acudimos persiguiendo un sueño. Soñar es sencillo. Hasta que despertamos echando de menos lo que quisimos dejar atrás cuando decidimos huir hacia adelante. A veces, la vida parece esta misma penumbra postiza de un dormitorio a deshora. Un intento desesperado por tratar de recordar cuándo empezamos a mirarnos sin vernos y a hablarnos sin decirnos nada mientras esperamos un mensaje de madrugada en el que interpretar lo que no se ha dicho.

De vez en cuando, conviene alejarse de ese miedo a la oscuridad que humaniza, pero no todo el tiempo. De vez en cuando, también conviene mirar a los ojos al temor de estar viviendo una vida plagada de errores y traiciones. De no decir las cosas a tiempo. De confundir definitivamente el precio de los afectos con el de las cosas. Cuando, de noche, me siento a escribir para combatir el frío, veo en la oscuridad lo que no nos dejó ver la luz del día. Que el orgullo no acierta a pronunciar una verdad desnuda. Que escapar no me llevó a ninguna parte. Que en este caos del mundo se está solo demasiadas veces.

De vez en cuando, deberíamos regresar a una conversación de aquellas que ensanchaban el día. Dejar de lado la tecnología y volver a ser sólo personas que toman café. Y seguir ese rastro de palabras que durante años han ido a desembocar directamente en el silencio. Y celebrar la vida, no como algo inevitable, sino como aquello que es posible. Y aparcar este desafecto preñado de soberbia que nos separa. Sólo de vez en cuando.

Porque, de vez en cuando, despierto a las seis de la mañana con ese peso en la conciencia con que se mide un mal sueño. En algún lugar del alma hacia el que a diario evitamos asomarnos, existe esa carga de culpa que ancla nuestra verdad a un fondo que queda lejos. Tan lejos como ese tiempo del que regresamos sin restos de aquellos pequeños detalles con sentido. Mensajes que no escribimos. Palabras que aprietan en ese rincón del cuerpo al que no alcanza una autopsia.

Que te quise. Que todavía te quiero. Que fue culpa mía...

martes, 28 de enero de 2014

A tomar por culo

Quiero poder entender bien a Luis de Guindos cuando manda a la prensa a tomar por culo y, por extensión, a todos los que quedamos en el lado de las preguntas sin respuesta. Porque, aunque pueda no estar del todo de acuerdo con que a este neoliberal de la privatización le haya dado, en un momento puntual, por ponerse a gestionar áreas tan privadas como la anterior (en el texto, pero posterior en todos los demás ámbitos), no puedo evitar pensar que ha resultado ser un ejemplo impagable. Puede hacerse una lectura más simplona del expreso pensamiento del que fuera un hombre Lehman Brothers (de los Brothers de toda la vida), y pensar que ésta, más que materia de privatización o desprivatización, sea sólo una cuestión de mera falta de paciencia. Sin embargo, yo no valoraré si el hecho de que se le pregunte a un ministro por el precio de la gasolina es motivo suficiente para perder los papeles y no volver a encontrarlos en días, como tampoco le diré al señor De Guindos lo que se pierde cuando se es el "basurilla" que paga esa gasolina que ya nunca sabremos si subirá. No lo haré puesto que, como digo, vengo a apoyarle la iniciativa.

Lo que trato de hacer en realidad es analizar la cuestión desde una posición más elevada porque me cuesta creer, inspirada por la profundidad de sus palabras, que no haya una intención más allá de la que cualquiera de nosotros pondría en mandarlos a tomar por culo a todos ellos, por ejemplo, que con el hecho mondo y lirondo de perderlos de vista nos daríamos por satisfechos. Estoy plenamente convencida de que el hombre que supo ver, después de poco más de un año ocupando el Ministerio de Economía, que España era un país con unas desigualdades salariales tremendas, un país en el que los altos cargos cobran tanto o más que sus equivalentes alemanes mientras que el salario mínimo pinta tan negro como el africano, un país en el que las grandes economías trepan hacia arriba en el mapa a costa de que otros muchos queden a merced de la ley de la gravedad que tira para abajo que escarba; ese hombre, el señor De Guindos, digo, no nos puede estar mandando a tomar por culo sin más. Tiene que haber un propósito más elevado que se nos escapa.

Pensándolo un momento, me da a mí en el sexto sentido que esta respuesta tiene que estar relacionada de alguna manera con el objetivo que perseguía cuando, siendo director de la filial del banco de inversión estadounidense en España, la mandó también a tomar por culo. Sé que ambas formas de administrar están interconectadas, pero ¿cómo? Y sé que mandar a tomar por culo a los españoles no es ofender a España porque, de otro modo, la Ley de Seguridad Ciudadana hubiera echado sus garras sobre nuestro ministro de Economía sin tiempo de réplica. Luego supongo, por suponer algo, que lo que el señor De Guindos nos quería transmitir de alguna manera es que la unión hace la fuerza, aunque, en casos como el suyo, a veces, nos parezca que sólo hace el ridículo.

En cualquier caso, viniendo del economista que rescató a los pensionistas de sus pensiones, a los ciudadanos de sus excesos, y al país entero del rescate; en boca de un hombre, qué digo, hombre, un Ministro de su talla de pantalón, esa generosidad, ese "tomad y comed", ese "no seré yo el que reviente" tan en la línea de Fernán Gómez, nos abre a los ciudadanos una vía (de expresión, no me malentiendan) que nunca le agradeceremos lo bastante. Por eso, Señor De Guindos, no se quede allí mirando y ¡véngase también a tomar por culo!

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

miércoles, 22 de enero de 2014

El tiempo entre costuras

Mariano Rajoy, inaugurando la semana, se prestó a servirse como entrante del fin de la serie El tiempo entre costuras desvelando los secretos de sus labores de confección. Como era de esperar, la entrevista entera, igual que su legislatura, fue un no parar de dar puntadas sin hilo. En ese estilo tan escaso de todo al que nos tiene acostumbrados, Mariano no fue capaz de enhebrar la aguja para hilvanar una sola respuesta concreta. Peor aún, cometió el desacierto de ponerse a zurcir asuntos de justicia que no le toca remendar, mientras que, en lo que respecta a sus propias competencias, prefirió no meterse mucho en faena por no adelantar acontecimientos.

Hay que decir que la periodista tampoco estuvo muy ocurrente con las preguntas. Quizá porque, si el sopor que destila nuestro presidente, de lejos, duerme, de cerca, tiene que anestesiar. La entrevista resultó un autentico rollo de nylon que nos ayudó a comprender que el jefe del PP no salga mucho en la tele concediendo entrevistas (dos veces en dos años), porque la audiencia tiene que bajar al mismo ritmo que Rajoy ve bajar el desempleo. Si la entrevistadora parecía desmayarse entre vagas cuestiones y obviedades prescindibles, Mariano se consumía por momentos embelesado con ese arte tan suyo de mover la boca sin decir nada, como Monchito. Que si la corrupción está muy fea, que si Luis ya no me llama, que voy a ver si bajo un poco el IRPF que parece que empieza a darle el sol, que vaya reforma laboral chula que hemos preparado, que el paro aburre a cualquiera... En fin, un cajón de sastre cargado de lugares comunes hasta llegar al sorprendente descubrimiento de que el Rey es un ser humano. Esto, parece que no, pero aclara mucho las cosas.

Resumiendo más aún, si se me permite, lo que Mariano vino a decir otra vez es que, cuando el PP heredó el país, España estaba que se salía por las costuras, pero gracias a este experto alfayate y a una habilidad que podría venirle de la Tierra de Soneira y del encaje de bolillos, va a quedar todo atado de costa a costa. Incluso para el roto de Cataluña, Mariano confesó que tiene un plan que no confesó, pero que muy probablemente pase por juntar las dos orillas del Ebro con aguja del dos para que el tejido quede bien apretado y no se nos descosa un trozo.

Ya concluyendo, se metió a remendar el asunto de la infanta y se le hizo un nudo marinero de padre y muy señor mío, que es lo que suele pasar cuando uno se traiciona a sí mismo y se adelanta a los acontecimientos. Mariano Rajoy conserva la prudencia de no pronunciarse en asuntos políticos de los que él es el único responsable y, sin embargo, se permite sentenciar con una certeza pasmosa acerca de la inocencia de una imputada que todavía no ha comparecido a declarar. De lo que debería saber, no sabe y sabe lo que nadie debería de saber aún. Es lo que tiene haber sido registrador de la propiedad antes que presidente y costurero, que lo mismo te borra las cargas y gravámenes que te borda un país en punto bobo.

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

lunes, 20 de enero de 2014

¿Qué ha pasado en Gamonal?

Podrán intentar hacernos creer otra cosa, pero la cruda realidad es que el bulevar de Gamonal no se hace porque unos pocos han reventado la vía pública y no hay más. Dicen algunos iluminados por la luz al final del túnel que es muy peligroso lanzar el mensaje de que en este país no se consigue nada si no es por la fuerza. A otros, nos parece que es más peligroso que la mayoría silenciosa estuviera viviendo en unas condiciones de opresión tales que haya tenido que pegarle fuego a la basura porque por algo hay que empezar.

Cuando España amanece al calor de las brasas, se puede seguir alucinando y defender que la batalla la ha ganado el pueblo pacíficamente unido detrás de un mensaje rotulado en una sábana de percal barato. Es legítimo. Y también lo es darse cuenta de que, hace una semana, cuando nuestra santa paciencia se paseaba con el trapo sosegadamente por medio Burgos, más allá de la segunda excavadora, todo dios se preguntaba: ¿pero qué es lo que pasa en Gamonal? El conductor de la citada excavadora, como el que conduce un tractor en Monreal del Campo, no ha sabido lo que reclamaba el barrio hasta que el último descendiente del Cid ha quemado el primer contenedor. Y esto es así lo niegue el PP o su porquero.

Con estas encendidas afirmaciones, no querría dar a entender que ésta que suscribe apoye la piromanía como forma de expresión, pero, ateniéndonos a los hechos, a la vista está que, si no se incendia el mobiliario urbano, el alcalde a día de hoy estaría escriturando las plazas de aparcamiento. Entiendo, por tanto, que algún insigne magistrado de los que ocupan nuestros ministerios podría encontrar en mis palabras una incitación a la violencia que habría de pasar por el tamiz de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, y yo no diré ni que sí ni que no porque no soy quien para juzgarme. Menos aún cuando, lo confieso, de todo este asunto, a mi rebelde punto de vista, le ha fascinado sobremanera esa inusitada capacidad de contagio. La mecha prendía en Gamonal y se extendía al resto de las Comunidades Autónomas, ciudad por ciudad, hasta alcanzar ciudades en las que, del bulevar burgalés, nos toca tanto como de justicia española o de democracia universal: nada, cero, conjunto vacío. Será por eso que el Gobierno no entiende que, haciéndolo ellos tan sumamente bien, los españoles nos portemos tan sumamente mal. Que, precisamente ahora, que los políticos empiezan a comprometerse con sus programas electorales, vayamos los españoles y rompamos la baraja. Y ¿qué pinta un encapuchado del barrio de Las Fuentes en Zaragoza tocando la flauta para que detengan una obra en un lugar de Castilla de cuyo nombre nadie había oído hablar?

Tienen razón. Yo tampoco lo entiendo, a pesar de haber salivado más que un caracol en vinagre y de que albergo la esperanza de que sirva para algo más que para evitarle un viaje al camión de la basura. Sin embargo, igual que a veces me gusta pensar que lo siguiente será pegarle fuego a la Moncloa, hay ratos en que me gusta imaginar que el movimiento anti-bulevar ha sido una excusa de mal perdedor. Que puede haber sido la gota que ha colmado el vaso. Que podría ser un símbolo de la obra completa llevada a cabo por esta legislatura y alguna de las anteriores. Y también podría ser que al vándalo del quinto le haya parecido que el Gobierno estaba muy cómodo viendo a la muchachada lloriquear al otro lado del cristal y se le haya antojado partirle el cristal en la frente. Que quizá sea hora de recuperar nuestros derechos por la fuerza ya que nos los arrebataron por la fuerza. Que, tal vez, al ciudadano de bien, frente al crimen y la violencia gubernamental, le parezca que sólo se puede responder con los mismos argumentos. Que estemos hartos. Hartos de que nos vendan mentiras que ya no podemos comprarnos. Hartos de vivir en un país en el que nunca pasa nada... hasta que pasa.

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

jueves, 16 de enero de 2014

Encuentro de Mariano con el más allá

Mariano Rajoy no necesita escuchar que la trayectoria de su Gobierno se define a sí misma en un conjunto de exitosos logros que modestamente su propio partido resume en cuarenta, pero que, siendo justos, se podrían extender hasta el infinito y más allá. Sin embargo, siempre gusta recibir un refrotón de espalda y más si la mano que rasca es la del jefe del Imperio y Nobel de la Paz de nuestros días. Por darse ese gusto, Mariano se cruzó el Atlántico esta semana, con tres facsímiles de quinientos años de antigüedad, como un pan, debajo el brazo, deseoso de hacerse, junto al presidente de EEUU, la primera foto de su mandato en la que pretendía salir quieto. Lo que es pisar la cima en la carrera de cualquier dirigente europeo.

Cuando un presidente de este lado del charco despierta un día y puede colgar en twitter una colección de doce instantáneas de su persona sentada en el despacho oval de la Casa Blanca, lo olvida todo. Incluso que su mujer, probablemente espiada por Barack hasta en la ducha, no haya sido invitada a viajar con uno por miedo a que se presentara toda la familia Rajoy vestida de Halloween, como hiciera la de Zapatero en 2010. Mariano no tiene en cuenta estas cosas. Mariano es el único presidente, recibido en la Casa Blanca sólo por pelma, capaz de regresar, rebozado de reconocimiento, levantando como una antorcha la caja de chocolatinas M&Ms con que el presidente de los Estados Unidos le pagó la visita y, si me apuran, el mandato entero. Dos años de gloria que se nos derriten en la boca, no en la mano.

La conversación que mantuvieron ambos presidentes podría resumirse, en palabras de Obama, con la frase: "Muy bien lo has hecho, Mariano, pero, lo del paro, háztelo mirar". Lo del paro, a Mariano, le preocupa poco porque está seguro de que, con el ritmo de exportación de cerebros que lleva España, pronto alcanzaremos la cota cero de desempleo. Sin embargo, le tuvo que parecer, digo yo, que, cuando uno gobierna respaldado por un índice de paro del 6%, es muy fácil hablar del paro ajeno y olvidar que España se lo tendría que hacer mirar como Estados Unidos se tendría que mirar lo de la criminalidad, a ver si va a resultar que sus listas de desempleo están cerradas por defunción. Pero, en fín, Mariano estaba tan contento con la caja de chocolatinas que tampoco se acordó mucho de nombrarle a sus muertos.

En honor a la verdad, una vez que el líder del mundo le había reconocido su indiscutible liderazgo a Mariano, Obama le podría haber escupido los M&Ms a la cara con una cerbatana, que nuestro presidente también los hubiera encajado bien. Mariano, a esas alturas, estaba tan encantado de compartir carácter con el cabecilla del globo que justo le dio su conocimiento del idioma español para invitarlo a que le devuelva la visita cuanto antes, que, si hace falta, ya le construiremos un túnel de Washington a la Moncloa, ahora que se llevan tanto estas obras faraónicas, y así le pegamos un empujoncito a lo del paro. Va a ser por tuneladoras. "Venga, Barack, lo dicho, ya te llamo yo y quedamos". Volvía Mariano tan satisfecho de su excursión a la Casa Blanca que llegó a creerse que, a partir de su visita, van a ser ellos, los presidentes americanos, los que guarden lista de espera en la Moncloa para que los reciba este pedazo de líder ungido por Obama y por las Rias Baixas.


Han pasado tres días y Mariano no se baja de la nube yanqui. "Qué bien lo has hecho, Mariano", escucha en su interior desde el alba hasta el ocaso agarrando a dos manos su caja de M&Ms por temor a que Montoro se los quite. "Qué bien lo has hecho, Mariano", mientras en Gamonal arden  contenedores y España se nos rompe por la línea del Ebro. "Qué bien lo has hecho, Mariano"..., y sueña con que la próxima medida del Partido Popular, para demostrar que lo sigue siendo, sea crear una página de Facebook del Gobierno de España y enviar una invitación al mismísimo presidente de los Estados Unidos de América para que pulse Me Gusta.

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

sábado, 11 de enero de 2014

Contrasentidos que no se entienden

La Casa Blanca nos hace saber, a los que por la simplicidad de nuestras existencias no sabemos de paradojas, que esa ola de frío que les ha dejado las cataratas del Niágara de una pieza se debe al calentamiento global. Yo, que necesito poner lo que no comprendo en relación con lo que puedo ver, quiero entender que el fenómeno éste de la edad de hielo en Norteamérica tiene que ser algo así como cuando a nosotros nos calientan bien desde todos los ministerios del Gobierno e, incomprensiblemente, nos quedamos helados. Al parecer, las glaciaciones y los sentimientos de impotencia llegan así, después del acaloramiento.

Que hoy mismo (por no perdernos en la senda del recuerdo) abramos el periódico, después de dos años de ver sólo cómo a estos dirigentes que trabajan para nosotros se les alargaba el brazo hasta el final del palo de repartir candela, y encontremos la lista de los cuarenta éxitos principales de su mandato para alborozo de los barones de la formación y calentamiento global del resto del país, le congela las cataratas a cualquiera. Por eso, yo entiendo bien a los americanos cuando buscan una explicación a ese metro de hielo que no los deja salir de casa, porque yo he sentido, en ocasiones tan señaladas como ésta en el calendario del PP, cómo se me ponía un efecto invernadero entre el ombligo y las lumbares que me hubiera gustado poder aclarar.

El hecho de que a los americanos les caigan tórridos copos de nieve del grifo por la mañana es motivo de minucioso estudio por parte de los órganos competentes de un país ávido de respuestas porque no se puede lavar la cara. Cuando en España empezamos a quedarnos afónicos y entumecidos del esfuerzo de protestar contra los incumplimientos delictivos de los programas electorales, de tener que pagar a punta de navaja las deudas de unos banqueros acaudalados e incapaces, de tener que quedar al triste abrigo de la injusticia, de la poca sanidad y la mala educación, es el Gobierno el que se lava las manos. Ése que ha decidido que es mejor calentar al país sometiéndolo al escarnio y a la burla, porque cada maestrillo tiene su librillo, y escribe un panfleto que titula "España avanza en la buena dirección" y que recoge perlas tales como que ha conseguido frenar los desahucios en España, ha aplicado las medidas para mejorar la calidad de la enseñanza, ha conseguido que el crédito a las Pymes fluya como no lo hará el Niágara en días, nos ha proporcionado una justicia más ágil y eficaz, ha logrado que las prestaciones de dependencia por fin lleguen a quien de verdad las necesita (no como antes) y que los pensionistas disfruten de un nivel adquisitivo que ha tenido un bajar que parece un subir.

A mí, me resulta muy loable esta oda pastoril para las reuniones íntimas de los miembros del PP, pero tanta poesía, tantas hermosas voluntades, tantas palabras vacias de todo, tanto monólogo para el autoaplauso, tanta buena leche impresa en las líneas de un periódico y un país que se pretenden serios, empieza a cargarme un poquito la escarchada chepa. Parece una tontería, pero quizá allí habite la diferencia entre pasmarse de frío en una superpotencia mundial o hacerlo en los porches de la plaza de España. Y no digo yo que tengamos que tener ilustres científicos en la política, como allende los mares, que se pregunten si este cambio climático español es bastante o aún es poco, pero sí empezaría a templarnos algo la sangre que estos barones del conservadurismo dejasen de torturarnos de gratis con esta producción política de folletín barato. Que, si un día nos los comemos a todos, no nos hartan tanto.

jueves, 9 de enero de 2014

¿Imputada? ¿Por qué?

El pilar básico de la defensa de la infanta descansa a pierna suelta sobre el argumento de que la imputada no poseía conocimientos de contabilidad o fiscalidad, lo cual, sólo en este caso, es un eximente matrícula de honor amén de bascular de un solo golpe la carga de la prueba sobre todos los españoles por no haberle pagado a la criatura los estudios suficientes o los más adecuados o ninguna de las dos cosas. El asunto es de extrema seriedad teniendo en cuenta la cantidad de impuestos que alegremente destinamos a tal fin, entre otros fines sin ánimo de lucro, durante décadas. En resumidas cuentas que, si preparamos un sofrito de cebolla amarilla para todos los comensales del día de su boda, no nos hace llorar tanto. Lo curioso es que el contribuyente raso ya no sabe si llorar o dejarse seducir por el absurdo y romperse de risa, dado que la cuestión última (discúlpeme el abogado defensor) parece algo más compleja que el hecho de haber nacido infanta y no contable. Y me explico. Ganar cien mil euros anuales, gastar doscientos mil, que en la cuenta bancaria siga habiendo saldo positivo y que no extrañe es no saber restar. No poseer conocimientos contables significa, por lo visto, que una puede hacer desaparecer setecientos mil euros en gastos propios y en los propios de reformar un palacete con la misma magia con la que cree que brotaron en su cuenta personal. Desconocer además el origen de los emolumentos y no preguntarse nunca por él denota no poseer tampoco inquietud filosófica ninguna. Y no tener ni repajolera idea de lo que hace tu marido en todo el día durante años sin sentir un ápice de curiosidad es ser tonta perdida.

Al juez Castro, por segunda vez, le ha parecido que no era de justicia llamar tonto a un miembro de la Monarquía y nos ha hecho confundir a todos la incapacidad mental de nuestra infanta con el estrabismo. Desde el punto de vista del juez, la falta más grave de la imputada es que su actitud con respecto a los negocios de su esposo ha sido la de "mirar para otro lado". Resulta llamativo que a un magistrado de este país le parezca reprobable el hecho de que se mire para otro lado cuando esto es algo que llevamos haciendo los españoles desde que se empezó a acuñar moneda en la península. Y, centrándonos en el caso que nos ocupa, lo es tanto que una no puede evitar preguntarse, si "mirar para otro lado" es motivo de imputación, hacia qué lado miraba el Rey, según Castro, cuando pasaba aquellas temporadas de retiro a la sombra de un ciprés en la piscina de Pedralbes rodeado de más nietos que el doctor Iglesias Puga. O cuando su hija, con estas cualidades que se le reconocen abiertamente, le comunicara que iba a formar parte del consejo de administración de una empresa a pachas con el lumbreras de su marido y no le preguntó "¿Dónde vas, alma de cántaro?". Claro que también es cierto que acusar a un señor de mirar para otro lado cuando es ya incapaz de fijar la vista en el discurso de la Pascua militar que tiene debajo de las borbónicas narices está feo.

Con todo, lo que a los contribuyentes del montón poco dispuestos a pasar por idiotas nos parece más lamentable de este caso es que todos los encantadores intentos del juez Castro por imputar a la infanta se vayan a quedar, como la recuperación de este país o el Canal de Panamá, a medias. Porque, admitámoslo, los asuntos de la Casa Real están condenados a la incomprensión, como la concesión del título, desde la cuna. Si difícil fue seguir el discurso de Su Majestad el día de reyes o reconocerlo tras los pretendidos arreglos de photoshop para su aparición en Hola la semana pasada, habría que hacer acopio de toda la formación y raciocinio de que disponga este país para entender el extraño caso de Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, que, dicho sea de paso, es imposible que sepa ni cómo se llama.

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

lunes, 6 de enero de 2014

Hasta cuándo

Pisamos con pies de plomo las primeras horas de este año que nos ilusiona imaginar como una hoja en blanco en la que todo está por escribirse. Pisamos con pies en polvorosa las últimas horas del anterior en el que todo parece escrito con renglones torcidos. Pisamos con pies desnudos las uvas de la ira hacia las que nos ha conducido este Gobierno. Como en la novela de Steinbeck, viajamos hacia un campo de promesas sobredimensionadas siendo mano de obra barata, un puente de plata tendido para otros, un tren de mercancía de la que nada nos toca. Ya es tiempo de recuperación en este pais de posibilidades ajenas.

Han pasado seis días y nada parece haber cambiado en lo sustancial. La vida se sigue haciendo en las calles. Cada dos pasos, la acera se interrumpe con un alma pidiendo caridad, sabiendo que es algo de lo poco que hemos salvado por poco. Cada día, miles de caras conocidas cuentan la misma historia, lamentan las mismas cosas, se hacen las mismas preguntas. La vaguedad de las respuestas hace pensar que el seis de enero de 2015 amanecerá igual que éste (o peor). Si este año pasado, del que ya hace seis días que nos desahuciaron, se ha llevado 370.000 empleos, ¿de qué será capaz el 2014, más nuevo, más alto, más de lo mismo? Somos ratones a la carrera presos en una rueda de estadísticas sumando cantidades traumáticas de paro, de pobreza, de realismo. No hay magia que alumbre un dinero, que se fue en superficialidades, para paliar el hambre de necesidades básicas. No hay reyes que dibujen sonrisas sin desayunar. No hay camellos de los que transportaban ilusión a hogares hoy deshabitados. No hemos ido a mejor a pesar de las promesas incansables. A pie de calle, no han llegado las fórmulas diplomáticas, la pomada en tubo de plasma, las luces de artificio al final del tunel, el falso charol de sus brotes verdes. Y los gritos desde la plaza, cuando los hubo, sólo sirvieron para decir: sabemos que no sabéis.

El nuevo año se desliza por esta cuesta abajo que no remonta y España sigue siendo la imagen de un país enfermo de escaseces y lujuria de corrupción. Esta enfermedad crónica no debiera llevar copago. Esta plusvalía de palacio no se puede pagar a escote. Llegamos a un futuro que se abalanza con prisa sobre el pasado, uno que pierde y mucho en la distancia corta. Los optimistas siguen apuntando que de peores hemos salido. Pero, cuando se tienen veinte años y la universidad se convierte en un lujo, cuando se tienen treinta y el futuro está cerrado, cuando se tienen cincuenta y la profesión amputada, cuando se tienen setenta y vuelven los hijos, la pregunta sigue siendo: ¿hasta cuándo?

jueves, 2 de enero de 2014

Sacyr sella el Canal de Panamá con la Marca España

Disfrutamos los españoles de la extraordinaria cualidad de creer que podemos arreglar cualquier cosa con la mitad de lo que cuesta. Llámenlo exceso de confianza, buena fe o, simplemente, tenerlos cuadrados. Como prueba de que esto es así, basta con pedir un presupuesto para alicatar el baño del dormitorio y esperar un par de días a que se entere ese cuñado que todo el mundo tiene y que, en cuanto ve tres ceros juntos, te comunica que pareces tonto porque eso él te lo hace en dos días con ciento cincuenta euros de baldosa y un chicle masticao. Y le sobra el tiempo que un profesional pierde en cerrar el cálculo de cada partida para fumarse un puro de treinta centímetros. A juicio del contratista queda el emplear al experto o confiar en la ya probada pericia del hermano político.

En una de éstas se vieron los panameños hará unos cinco años cuando decidieron acometer la ampliación del Canal de Panamá, una de las obras de ingenieria más monumentales de este siglo, y, al final, contrataron al cuñado. Ya entonces, los perdedores en la subasta de la concesión de la obra, en un ataque de pelusilla que los españoles nos pasamos por el arco del triunfo, acusaron al consorcio formado por la constructora Sacyr, su socio italiano y la holandesa Jan de Nul de presentar una oferta temeraria con unos costes tan ajustados que sería imposible concluir los trabajos. Hoy, a diez meses de la fecha pactada para la entrega de la obra, la española Sacyr (léase, el cuñado), renuncia a continuar con la obra porque, al parecer, se ha pillado los dedos con el chicle y la baldosa no le llega hasta el Pacífico. 

Aquí, no nos sorprende. En Panamá, van necesitando respiración asistida. Pero los españoles, igual que hundimos la bota y la Bolsa hasta el fondo del Canal en un mismo día, nos hacemos cargo de la situación como mejor sabemos. Ya les hemos mandado, y gratis, un equipo de salvamento formado por el príncipe Felipe y la ministra de fomento, Ana Pastor, la de "la política es el arte de no decir tonterías", a fin de que den comienzo las tareas de reanimación cardiopulmonar. Y está previsto el envío urgente de Rajoy tan pronto como recobren la presencia de ánimo para devolverles también el sentido del humor. De lo que tenemos, que no les falte de nada, que la Marca España está en juego. Porque la construcción del Canal de Panamá es Marca España, la banca rescatada por todos es Marca España, los toros (todos) son Marca España, el fútbol subvencionado ilegalmente con fondos públicos es Marca España hasta la médula; pero el parado que hace fila en el INAEM, el desahuciado que duerme en la calle, el niño que no desayuna en casa, el anciano que no puede pagar la luz, tú y yo, amor, no somos Marca España. Si lo fuéramos, nos prestarían la atención que nos niegan.

Interesantes estudios acerca de la actual Marca España forjados en la minuciosa observación de nuestras jaimitadas, a pesar de los esfuerzos de este Gobierno porque se fijen en lo bien que respira la banca; el buen amigo que me propone éste como el tema del día cuando el tema del día es ya lo de menos; y mi madre, cuando me siento a la mesa acuclillada en la silla; opinan que no se puede hacer fuera de casa lo que hacemos de puertas adentro. Yo soy más de la opinión de que ni fuera ni dentro o en todas partes. Y que tanta culpa o ninguna tenemos los españoles de ser lo que somos como los extranjeros por creerse que hemos dado en ser los chinos de Europa, el todo a cien de la ingeniería, la marca de saldo, el cuñado del "tú eres tonto, pásame el chicle". Y, entre esto que hoy nos aflige, y que Ana Botella piense que puede comprar unos Juegos Olímpicos con un café con leche, o la candidez y buena voluntad de que se impregnó Mariano cuando le comunicaron que el barco europeo se hundía, media la razón que lo explica todo.

"No te preocupes, Angela Merkel, que los parados los pongo yo".

Para seguir este blog entra en http://www.facebook.com/UnRinconParaHoy y pulsa Me Gusta.

Artículos más leídos