lunes, 15 de septiembre de 2014

Al tambor de la diada

Bueno, pues ya está. Otro año que hemos sobrevivido a la diada sin tener que lamentar bajas. La gente ha salido a la calle, se ha paseado, le ha dado el aire, se ha manifestado... Bien. A mí, la gente me parece bien, casi toda. Lo que me cuesta un poquito más superar es la resaca de los días de después. Concretamente, lo que trae de imágenes a todo color de Artur Mas en los medios la celebración de este día en el que no sé muy bien lo que celebran. Pero, bueno, como aún son españoles, si es por celebrar, pues venga, la diada tambien. Ahora, escuchar después a Artur Mas durante toda una semana entera con su sábado y su domingo es como tragarse un camión cargado hasta la lona de Fave de Fuca.

Hasta hace unos meses, la causa que justificaba su carrera hacia la independencia era que España les estaba robando, pero ahora que todos sabemos que no fue España, la razón principal ya no se sostiene. Por eso, ha habido algún periodista que se ha desplazado para hacerle una visita a Artur y algunas preguntas al respecto. Pura curiosidad. Gracias mil veces al susodicho periodista (no al susodicho Mas), nos hemos dado cuenta de que Artur esto del sueño soberanista no lo tenía muy depurado. Las respuestas esgrimidas por el rey de la independencia cuando el robo a la española ya no le ha valido más (perdónenme quienes alberguen sus propias razones) no invitan a independizarse precisamente, invitan más a tragarse el camión de Fave de Fuca con el conductor dentro. Y me explico. Lo que Artur Mas y sus acólitos defienden ahora como el motivo fundamental para seguir avanzando por la senda de la secesión es que, a los catalanes, no les gusta la forma de hacer política de los políticos españoles. Y, por eso, ha llegado Artur a explicarnos cómo se hace.

Al calor del cuestionario planteado por el periodista que lo entrevista, se permite Artur soñar una Nación que ya respira sola y que se dibuja como un Estado que no tendrá ejército (para qué, véase el Vaticano y allí están) en el que los peajes, por ejemplo, se seguirán pagando exactamente igual que hasta ahora, en el que los jubilados continuarán apoquinando la medicación como hasta ahora, donde no cabe derogar la reforma laboral para recuperar las indemnizaciones por despido, y en el que la edad de jubilación será...Adivínenlo... Efectivamente, exactamente la misma que en toda España y nunca más los sesenta y cinco años. Es decir, que, dibujando, dibujando, dibuja un jardín de las delicias muy poco delicioso, y demuestra que, en lo fundamental, la forma de hacer política de los políticos catalanes sería la misma que la de los políticos españoles pero en otro Estado que, básicamente, sería un mojón como el español, pero sin ejército y sálvese quién pueda.

Yo no soy catalanista, ni arturista, ni independentista, ni muchas otras cosas que, francamente, me importan otro mojón igual de gordo. Lo que sí soy es curiosa y me cuesta un poco creer que nadie hasta ahora le hubiera preguntado a este hombre cómo iban a ser las cosas después. No lo termino de entender, no sé si porque no tiene ningún sentido o porque esto del independentismo es como un fuera de juego, algo completamente incomprensible para el cerebro femenino. También es cierto que, en este país no somos muy de preguntarnos cosas, solemos ser más frecuentemente gente de acción, de movimiento, de salir corriendo a formar una V o de partirnos la cara sin saber muy bien a santo de qué. Y, si pocos se han preguntado hasta ahora adónde conducía todo esto es porque, en el fondo, a pocos les importa un carajo lo de la unidad de España. Si acaso nos importa un poco lo de la igualdad de España porque la igualdad es la única forma real de permanecer unidos y, según el propio Artur, en ese sentido, no va a cambiar nada. Un jubilado de Tarrasa se quejará de lo mismo que uno de Alcorcón. Y un político catalán se seguirá llevando lo mismo que uno español. Así que, españoles todos, no hay motivo para alarmarse. Podemos seguir pasándonos la preocupación que este asunto no nos despierta por donde más nos resbale y lo del ruido que están haciendo entiéndase como una actividad inherente al español de toda la vida y apréndase a convivir con él como toda la vida se ha hecho.

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